La música estaba demasiado alta. Habían llegado caminando por las calles húmedas de la ciudad hasta aquel bar sin darse cuenta, el mismo bar al que, unas veces consciente, y otras, como ésta, sin querer, había acudido tantas veces con tantas otras chicas. En la vida todo se repite, una y otra vez, sólo que acaso van cambiando los actores y los escenarios, pensaba. Lo único perenne soy yo.domingo, 18 de abril de 2010
Puzzle
La música estaba demasiado alta. Habían llegado caminando por las calles húmedas de la ciudad hasta aquel bar sin darse cuenta, el mismo bar al que, unas veces consciente, y otras, como ésta, sin querer, había acudido tantas veces con tantas otras chicas. En la vida todo se repite, una y otra vez, sólo que acaso van cambiando los actores y los escenarios, pensaba. Lo único perenne soy yo.martes, 13 de abril de 2010
Bar
Estaba claro que ya no iba a aparecer. Había pasado mucho tiempo, tenía tatuadas en el culo las hendiduras del banco de aquella calle del centro de Madrid y el semáforo de la esquina se había puesto en verde y en rojo 256 veces, alternativamente. Me levanté, estiré hacia atrás los brazos y cogí aire. Eché a caminar sin rumbo, hasta que giré a la derecha en el primer callejón, y entonces lo vi: poco iluminado, con un portero negro mate y un letrero con nombre de película antigua. Para mí era suficiente aquel antro.Me acodé en la barra sobre el único taburete libre que encontré. Me observé lentamente en el espejo de enfrente, entre las botellas. La cara de siempre, el pelo igual toda la vida, las mismas ojeras... A punto de cumplir treinta años, sufriendo por el plantón de una tipeja a la que apenas conocía. Me ilusiono con poco. Esta vez, me había ilusionado de verdad. Me gustaba hablar con ella, tomar café, chatear, hasta empezábamos a follar bien. Había buen rollo, creí que la tenía en el bote. ¿Por qué hoy no había venido? Ni siquiera contestaba al teléfono. Así, de buenas a primeras, pasaba de mí. Las tías son imprevisibles. Y yo soy gilipollas. Me ilusiono con que me sonrían un par de veces. En este caso habían sido más de un par, también es verdad. Por eso me dejé embaucar, hasta dejé a mi novia por ella. En realidad fue así, aunque yo le dije: "Eres una persona triste", le dije. "Triste. Me pones triste". Y me fui. Y se fue todo a la mierda. Y ahora esto. Por gilipollas.
A mi espalda, instalados en unas mesas bajas retozaban alegres varias parejas. Conté hasta cinco, diseminadas por todo el bar. Localicé una especialmente curiosa. Su empalago era tal que daba vergüenza ajena. Los dos eran feos. Rozaban la treintena, pero se comportaban como adolescentes. Se percibía en sus besos, en sus gestos, que cada uno deberían de ser la primera o segunda pareja del otro a lo sumo en toda su vida.
- Frikis -murmuré mientras me giraba sobre el taburete de nuevo hacia la barra. Miré al tipo de mi derecha buscando complicidad, y encontré al borracho del bar-.
- ¿Tienes un cigarro, amigo?
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- ¿Tienes un cigarro? -dijo ella, extendiendo dos dedos fofos rematados en unas uñas de ave rapaz.
Siempre he detestado las uñas largas. ¿Qué pretenden dejándose las uñas largas? ¿Arañar, hacer daño? ¿Defenderse? ¿De qué?
- No fumo -mentí. ¿Qué cojones hago en la cama con este bicho?-. Me tengo que ir.
- ¿Tan pronto? -dijo el ser desde la cama, con una teta desproporcionada asomando desde detrás de una sábana rosa. ¿Qué he hecho? ¿Qué acabo de hacer?
- Sí, tan pronto -dije terminando de vestirme-. En realidad, es demasiado tarde.
Eran las cinco de una tarde de julio y el sol me daba en la cara con fuerza, y me hacía sudar. Había caminado varias manzanas, no conocía bien la zona y no sabía dónde me encontraba exactamente. Aún no comprendía cómo había podido ocurrir. Le había puesto los cuernos a mi novia con una tía que ni siquiera me gustaba. Después de seis años de relación, una noche, te emborrachas y hala... Todo se va a la mierda. Todo se va a la mierda y ni te has dado cuenta.
- Ponme otra -el camarero agarró el vaso ante mis ojos y se lo llevó dedicándome un gesto de desprecio-, imbécil -añadí cuando ya no me oía, y seguí tratando de recordar aquella maldita canción. Había perdido la cuenta de las copas que llevaba, y no recordaba cómo había llegado hasta aquel bar. No sabía qué hora podía ser. No sabía cómo iba a decírselo a ella. No sabía ni cómo volver a casa. Me sequé una lágrima con la manga y me giré para ver al tipo que se acababa de sentar a mi lado. No parecía mala persona. Parecía divertirse observando algo al fondo del bar. Al cabo del rato me decidí.
- ¿Tienes un cigarro, amigo?
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- Sí.
Le extendió la cajetilla abierta. El otro hombre tardo varios segundos en acertar a coger un cigarro. Al final cogió uno al que le habían arrancado una boquilla para un porro. Mientras tanto, tarareaba una canción y reía.
- ¿Tienes fuego?
- Sí.
- ¿Conoces una canción que habla de unos árboles...?
- Eh, no...
- Sí, una que dice si te vas, los árboles del parque... No recuerdo cómo sigue. Pensarás que estoy borracho. Estoy borracho. Pero no soy gilipollas.
- No lo pongo en duda.
- Yo no soy el típico borracho que te va a decir que ha estado en la cresta de la ola, que eres un tío de puta madre, y que todas las tías son unas putas. Los tíos somos más cabrones que ellas.
- Bueno... según se mire. Uno no sabe lo que piensan en ningún momento.
- ¿Y para qué quieres saber lo que piensan? ¿Para qué quieres saber lo que piensa la gente, si después comete errores y se traiciona, y cambia de parecer? ¿Qué significa saber lo que piensan?¿Te refieres a lo que piensan ahora, mañana? ¿Lo que piensan cuándo? -el hombre sobrio lo miró fijamente, pidió una copa y encendió también un cigarrillo. siguió hablando.
- Quiero saber lo que piensan. Saber cómo es una persona. Saber si es buena o mala. ¿Tú eres buena persona?
- Creo que no.
- Bueno, si piensas eso, debe ser por algún motivo. Con lo cual yo me espero lo peor de ti. Pero si de repente, no sé, esta noche me invitas a una copa, por ejemplo, pensaré que no eres es para tanto.
Ambos rieron. El hombre sobrio volvió a mirar sonriente a la pareja extraña, y el hombre ebriose palmeó los muslos y bebió.
- En serio, borracho, no creo que seas mal tipo. Pero cuando hablo de saber cómo es una persona, hablo de una línea de actuación y de pensamiento, hablo de una pauta, un hilo conductor. Una persona puede tener altibajos, puede tener días malos y buenos, pero no puede de la noche a la mañana, no sé, ser otra persona.
- Claro que sí. Claro que se puede.
- ¿Por ejemplo?
- ¿Por ejemplo? -repitió el borracho y negó con la cabeza a la oferta de unas gafas de sol con luces que le hacía un pakistaní-. Los asesinos. A uno se le va la cabeza una noche, hay una pelea en un bar, como este, y mata a otra persona. Ya es un asesino. Y un presidiario. En cuestión de segundos una cosa, y en cuestión de horas, la otra. ¿Azar? Quizá, pero tu vida ha cambiado.
- Eso son situaciones extremas. Si tu novia te dice que está embarazada, también te cambia la vida, te conviertes en otra persona. Igual que si tu padre se muere prematuramente, o tu hermana...
- Escucha. Imagínate que estás muy enamorado de tu mujer, y de repente conoces a otra persona. Antes eras, no sé, un padre ejemplar; pero ahora has conocido a una persona tan maravillosa que te acaba de cambiar la vida. Y lo ves todo de otra manera, y comienzas a ver que tu vida puede mejorar.
- ...
- Y empiezas a pensarte renunciar a ver a tu hijo todos los días a cambio de lo que te da esa mujer. Y planeas separarte...
- Para, borracho. No sigas. No me hace falta imaginarme nada.
- Entiendo.
- No, no entiendes, pero bueno, el alcohol realiza las conexiones neuronales necesarias en tu cerebro para que parezca que el universo entero está al alcance de tu comprensión.
Los dos hombres permanecieron largo tiempo en silencio, que sirvió para que el hombre sobrio no lo estuviera tanto. Finalmente se decidió a volver a hablar primero.
- No tienes razón, ¿lo sabías, borracho? -el borracho sonrió mirando al suelo-. Yo soy una buena persona. Lo sé, sé que lo soy, te mentiría si te dijera lo contrario. Fumo porros, me salto los semáforos, me hago pajas en internet, pero soy buena persona. Y si esta noche, por culpa de una pelea, de una borrachera... Es más, aunque yo cometa un error a plena luz del día y siendo plenamente consciente, seguiré siendo un buen tío.
- Pero con tus errores puedes destrozarle la vida a la gente.
- Mírame, borracho. Soy un ser humano. Con mis aciertos y con mis defectos, pero soy un humano. Me equivoco, sí, y lo siento, pero también tengo cosas muy buenas. Muy buenas. Y quiero que la gente me quiera con mis errores, y con mis aciertos. Porque así soy yo. Y si no te parece bien, yo tampoco quiero ser tu amigo. ¿Me entiendes?
- Me he tirado a una tía horrible esta noche -dijo él por toda respuesta.
- Bueno, a todos nos ha...
- Le acabo de poner los cuernos a mi novia de toda la vida, llevábamos nueve años juntos. Y he mandado a la mierda nuestra relación sin más, como el que se convierte en asesino sin querer. Ni siquiera me gustaba. Ni siquiera era una tía que mereciese la pena, la conocí una hora antes. Iba demasiado borracho... Me ha dado tiempo a que se me pasara la borrachera y a volverme a emborrachar.
- ¿Te puedo hacer una pregunta que no estás obligado a contestar?
- Claro que sí, no te voy a volver a ver en mi vida.
- ¿Ella te ha puesto los cuernos alguna vez, que tú sepas?
- No, que yo sepa.
- Imagínate que ella se folló a otro tipo hace siete años, a mí, por ejemplo -el borracho sonrió-, y no te lo contó. ¿Preferirías que te lo hubiera contado?
- Sí.
- Piénsalo bien.
El borracho se mantuvo en silencio unos instantes, soltó una carcajada y vio por el rabillo del ojo cómo su compañero de barra pedía otra copa.
- ¿Qué insinúas?
- Que la trates bien. Que la cuides. Que no vuelvas a cometer ningún error. Y que procures por todos los medios posibles que ella no se entere de lo que hiciste ayer, cueste lo que cueste. Si la has hecho feliz hasta ahora, por qué no ibas a poder seguir haciendo lo mismo de aquí en adelante.
El borracho se frotó los ojos húmedos con los puños, se excusó para ir al servicio y se perdió entre el gentío del bar, mucho mas lleno a esas horas que por la tarde. El hombre sobrio, que iba medio ebrio, esperó unos cuarenta minutos a que regresara, pagó las copas de ambos y se marchó a casa. Una hora más tarde, se quedó dormido en el sofá viendo Toy Story. Mientras, el portero negro mate tuvo que arrastrar al borracho hasta la calle, pues había perdido el sentido y lo había encontrado inconsciente abrazado a la taza del váter.
Epílogo
Al día siguiente, el hombre sobrio recibió una llamada. Su chica se excusó: se había olvidado el móvil en el trabajo y no recordaba el lugar de la cita. Él nunca se lo creyó, pero ella seguía sonriéndole, hablando con él, chateando y tomando café.
Siguieron juntos durante tres años, hasta que él la dejó por otra mejor. De repente, sin previo aviso.
Al día siguiente, el hombre ebrio despertó en su cama. No podía recordar cómo había llegado hasta allí, pero dio gracias al cielo. Sintió a su lado el cuerpo de ella. Un recuerdo fugaz de la noche anterior cruzó su mente, y reprimió una lágrima mordiéndose el labio. Permaneció mirando al techo unos segundos, el silencio tan sólo interrumpido por la leve respiración de ambos. Se acordó del hombre con el que habló en aquel antro.
Miró a la que sería su mujer durante el resto de su vida, se acercó a ella y abrazó su cintura. Ella sonrió. Dormida.
lunes, 12 de abril de 2010
Estoy bajando por un tobogán, y abajo está la vida
Hoy es como si todo hubiese pasado hace tiempo. Me parece que todas las canciones que escucho hablan de mí, de nosotros, de ella. Echarte de menos no entraba en mis planes, leí hace poco. A mí me sucede todo lo contrario.
El sol ha salido, y siento que ya no se irá nunca. La vida me debe una primavera eterna que ha dado comienzo estos días, y si hay que llorar, que sea por el polen.
Me deleito viajando en bus, asomándome a las ventanas de los edificios que visito. Sonrío a las cajeras y a los camareros, y al escuchar los gemidos que vienen del otro lado de la pared. Dejo que la gente pase a ambos lados sin tocarme. Vivo. Casi se me había olvidado vivir.
A veces suena el teléfono; otras veces, no.
Por primera vez en demasiado tiempo me siento uno, único, yo. Y sé que ya nunca volveré a abandonarme. Mis problemas son minúsculos vistos desde detrás de un par de cañas. Mis amigos, los de verdad, siempre cabalgarán conmigo. Los otros, los de mentira, pueden seguir entrando y saliendo de mi vida como si fuera una boca de metro. Como si quieren tocar el acordeón en mis vagones, no me importa. Eso sí, ya no podéis pasar la noche en mi andén.
Son tiempos extraños, pero llenos de luz. Tiempos de ventanas abiertas, de recuerdos sin nostalgia. Son tiempos de adaptación suave a mí mismo, y al mundo.
Estoy bajando por un tobogán, y abajo está la vida.
viernes, 9 de octubre de 2009
Despertándome
¿Dónde estabas tantas horas? Juntos en la misma habitación
-mirando subir las olas-preparadito para la acción.
Si la suerte me abandona y dice que no quiere verme,
le llamaré estafadora, me ha robado mientras duerme.
Me he pasado tantas horas viendo de los pétalos la flor,
que se me acerca una amapola y me vuelve a la boca to'l sabor.
Mírame a los ojos; sé qué estás pensando.
De tu cabeza quiero beber caldo.
Para matar mis dudas y subir hasta tu luna.
Tírate en suelo; vete colocando.
De tu entrepierna quiero beber caldo
y como ratas de basura: Desorden y Soledad
se fueron viéndote llegar.
Ella se esconde del aire que rodea el sonido de mi voz
y yo me entreno como un perro para que le muerda mi canción.
Si la suerte me abandona y ves que estoy un poco triste,
es que tú eres una zorra y un buitre no come alpiste.
Y si te sientes perdedora, sácate de la boca el amor
y devuélveme todas las horas que paso pensando que somos dos...
Mírame a los ojos; sé qué estás pensando.
De tu cabeza quiero beber caldo.
Para matar mis dudas y subir hasta tu luna.
Tírate en suelo; vete colocando.
De tu entrepierna quiero beber caldo
y como ratas de basura: Desorden y Soledad
se fueron viéndote llegar.
Será que te han cogido miedo de saber
que estás mas loca...
que yo, que necesito ver amanecer
cuando no toca.
(Tampoco)
domingo, 13 de septiembre de 2009
Domingos
Los domingos son tristes, pero en mi barrio, más. Y más cuando el verano dice adiós por la ventanilla del tren, y la tarde invita al otoño, que se presenta como un cuentachistes en el velatorio de lo que fuimos. El otoño está aquí, junto a la vuelta al cole, el inicio de la Liga, las primeras lluvias y el recuerdo del verano en que comprendí que somos el gorila del anuncio.domingo, 6 de septiembre de 2009
Amaneceres
Cuando tengo las respuestas, cambian las preguntas. Cuando menos me lo espero, los recuerdos se aparean con las imaginaciones, dando a luz imágenes infames, capaces de provocarme el dolor más intenso y cruel, imágenes a las que asisto embelesado sin poder apartar la mirada, autolesionándome.viernes, 4 de septiembre de 2009
Me descojono
Esta es una de las pocas cosas capaces de levantarme el ánimo estos días.
Aparte de ser una metáfora perfecta y dantesca de mi estado anímico -ahora parriba, ahora pabajo-, me permite pasar de depresión a regocijo, y de nuevo a depresión, en cuestión de segundos (lo que dura el vídeo, vamos).
Disfrutadlo.
Bailar bajo la lluvia
Es sabido que, cuando tocas fondo, todo tiene que ir a mejor. Ya conté hace varios meses que, cuando estás sumido en la más completa de las miserias, de pronto te ves dotado de cierto poder. Nada te puede ir peor, las cosas no pueden torcerse más. ¿Existe algo más redondo que un círculo -aparte de dos círculos, claro-? No.Segundas partes
viernes, 5 de junio de 2009
Confesiones
- Ayer conocí a un tío...- ¿Qué dices? Cuenta, cuenta...
- Pues nada, es un chico que ya conocía de algo, pero hasta hace poco no habíamos intimado, no sé, es como si de repente hubiese surgido una chispa entre los dos, ¿sabes? Había visto sus ojos varias veces, algunas de ellas bien de cerca, pero nunca había reparado en lo profundos que son, creí perderme en ellos mientras ella me hablaba, y sus palabras eran un carrusel de sonidos hermosos del que no alcancé a comprender ninguna palabra por lo embelesada que estaba...
- Sigue, sigue.
- Acabábamos de tomar algo en un bar, y yo la verdad estaba muy cansada. Él estuvo muy atento toda la tarde, la verdad es que me sorprendió. Y qué guapo. Y al salir del bar me pasó un brazo por encima de los hobros y me sentí pequeñita, pequeñita...
- Ay, tía.
- Y nada, me preguntó si me apetecía que fuéramos a su casa. Yo me moría de ganas por dormir con él, pero no sabía qué decirle. No quería que aquel instante, que a la vista de todos no era nada del otro mundo -una pareja saliendo de un bar- se desvaneciese en el tiempo y fuese sólo el recuerdo de una noche que le cuentas a una amiga, como estoy haciendo ahora...
- Bueno, ¿y qué pasó?
- Al final le dije que sí, que fuéramos a su casa.
- Qué fuerte, tía. Entonces, por lo que me cuentas, con Mario ya nada, ¿no?
- No, si te estoy hablando de Mario.
Fotografía extraída de data1.blog.de
Recordatorio
Gracias a todxs por leer y participar.
El faro del paraíso
Para cuando te marches, tienes las llaves que abren mis puertas,
y por si las perdieras dejaré siempre ventanas abiertas.
Para cuando te quedes, tengo en mi vientre un verano de estrellas
con un mar que se mece si tú respiras desde su arena.
Ay, amapola,
yo de tahúr en otro mundo y tú tan sola.
Hoy quiero habitar la pradera
entre tu ombligo y lo más alto de tus piernas.
Ay, hechicera,
quién fuera luz para alumbrarte las caderas
y hacer un eclipse de seda
en la aureola de tus montes de canela.
Que tengo tanto esperma en la mirada
que cuando lloro al viento nace un cielo.
Y tengo los besitos que me dabas
guardados en el fondo de mi pecho.
Y tengo en las gónadas del alma
otoños que comienzan en enero,
y a veces se me olvidan las palabras
cuando meto los dedos en tu pelo.
Quiero tener tu labio más abierto.
Quiero licuarte y tener caramelo.
En tu pelo, que me sabe a pan caliente,
la gente nunca entiende mi desenfreno.
Que no haya sueños que se queden pendientes,
que la vida es una sombra que se ejerce.
Y ya sabes, prefiero un beso de muerte
a que me bese la muerte sin tu permiso.
Si quisieras mirarte en mí para verte…
me voy a vivir al faro del paraíso.
Carlos Chaouen
Tenemos ganador

lunes, 1 de junio de 2009
Post por encargo I
Desde hacía algunos meses, me había despertado por las mañanas experimentando una sensación extrañamente placentera: un cosquilleo revoloteaba en mi bajo vientre, y al abrir los ojos descubría una erección implacable bajo el pijama, que tenía que esconder por vergüenza de los ojos de la chica que me cuidaba y llevaba al colegio. Al principio eran días intermitentes, pero en poco tiempo, la regularidad fue absoluta. No sabía muy bien qué hacer con aquello. Me tumbaba boca abajo, pero aquella solución se tornaba estéril cuando comprobaba que, a veces incluso, no servía sino para aumentar la excitación.jueves, 21 de mayo de 2009
Otra vez
Me ha vuelto a pasar. Un joven me ha llamado de usted. Tengo 25 años, y no es la primera vez que me pasa. Da qué pensar. Mitiga un poco la sensación de desazón pensar que, de pequeño, yo también era muy educado, y me lo pensaba antes de tutear a un adulto. Pero lo de hoy me ha dolido como nunca.Muerte
A veces, es difícil comprender el final de un ciclo.lunes, 18 de mayo de 2009
Recordatorio
Desde En el tejado de una (p)risión quiero recordar a todos los lectores del blog -anónimos y confesos- dos aspectos, a saber:La encuesta que decidirá el tema del primer post del mes de junio. Sólo tienes que escoger la opción en la parte derecha del blog. Si la encuesta termina en empate, como es el caso hasta ahora, me comprometo a aunar todos los temas en el mismo post. Es una lástima, pensaba que podía añadir a la lista más opciones sobre la marcha, pero no es posible, así que la suerte está echada. Además, votar es gratis, y combate el colesterol.
El sorteo de dos entradas gratis para el Parque de Atracciones entre todos los presidiarios, para lo cual es imprescindible pinchar en el botón Seguir, también en la parte derecha del blog. El ganador no tiene la obligación de ir conmigo al Parque, pero vamos, sería un detallazo. Las bases del sorteo están depuestas ante notario.
Gracias.
¿Cuándo?
- ¿Y tú cuándo supiste que eras gay?- Mira... Yo ligaba con chicas más que cualquiera de mis amigos. Con dieciocho años, estaba con dos chicas a la vez, Marina y Gloria. Una noche, currando en el bar, estaba limpiando la barra, y me dio por pensar. Sí, si, por pensar, a ver qué te crees... No podía seguir en aquella situación, para mí suponía mucho estrés, había días que quedaba primero con una y luego con la otra, las dos sospechaban. Pero la dos follaban de vicio. Con Gloria me encantaba salir de juerga, bailar, desatarme. Pero, aún hoy, echo de menos aquellas conversaciones con Marina a la luz de las velas en su casa. Además, tenía más dinero que Gloria, menos preocupaciones. No obstante, la manera que Gloria tenía de ver el mundo me fascinaba. Aunque, en el fondo, las dos me aburrían. Así que dije: si la primera persona que entre en el bar es una mujer, me quedo con Marina; si es un hombre, me quedo con Gloria.
- ¿Y...?
- Pues que entraste tú, idiota.
Y ambos se fundieron en un profundo beso.
Fotografía extraída de photobucket.com
jueves, 14 de mayo de 2009
Encuesta

La Copa del Parásito
Valencia, diez menos algo de la noche. Athlétic Club de Bilbao y F. C. Barcelona se preparan para disputar la final de la Copa del Rey. Ambos equipos se la merecen, opino. Cuando los monarcas hacen acto de aparición, la mayor parte de las dos aficiones silban; cuando suena el himno español y los jugadores se cuadran como militares, los pitos aumentan. TVE lo censura, pero los hechos se filtran al día siguiente -hoy-.
¿Falta de respeto? Hablan de nacionalismo. Yo no soy nacionalista, pero tampoco monárquico. El Marca clama al cielo. ¿Es obligatorio ser partidarios del Borbón? ¿Dónde queda la libertad de expresión? ¿Es necesario enderezar la espalda cuando suena el himno? En un campo de fútbol -paso mucho tiempo en uno de ellos- el público es soberano, aplaude y silba lo que cree oportuno. Va en el precio de la entrada. ¿Hay que ceñirse a lo que se ve en el terreno de juego? No lo creo, a menudo los pitos van dirigidos no sólo a los jugadores rivales, sino también al palco. Y si en el palco está Juan Carlos saludando con su manaza, chupando cámara, puede recibir vítores o abucheos, y las dos cosas son legítimas.
Otra cosa es proferir insultos racistas: nadie, por el hecho de ser negro, merece escuchar a varios energúmenos imitar el sonido del mono. O exclamar al unísono: Juan Carlos, cabrón, saluda al campeón. ¿Pero acaso hay que adorar al Rey allá por donde va? ¿No se puede expresar el reproche a la monarquía, a la marcha militar que es el himno de nuesro país, en forma de silbidos?
No se deben mezclar fútbol y política, dicen algunos. Por mí, perfecto. Que la Copa del Rey se suprima, que pase a llamarse Copa de España, y que no la entregue Juan Carlos (se están mofando de ti), sino el presidente de la federación, que menudo individuo también, pero al menos se trata de un cargo electo, no una "burda imposición apolillada".
País...